Cuanta hipocresía nos rodea en un mundo lleno de intereses. La gente se mueve por su propia necesidad, todos viven según sus reglas, según sus necesidades y lo peor es que estas necesidades mutan a diario como si la piel de una serpiente se tratase. Hoy necesitamos amor y mañana amistad, hoy dinero y mañana cariño, hoy a nuestros padres y mañana a nuestros hijos. Hasta las personas se han vuelto prescindibles o imprescindibles según sea la etapa en la que se está viviendo. Eso sí, no es prescindible la tecnología, ni el consumismo, ni la ropa, las cremas los coches o los móviles de última generación… En estos momentos puedes ver cualquier red social llena de buenas intenciones y al mismo tiempo esa persona que las cuelga te puede estar apuñalando por la espalda tranquilamente, a ti o al vecino de al lado, no tiene la menor importancia y todas las buenas intenciones no son más que una estupendísima carta de presentación. La generosidad está absolutamente in...
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